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	<title>Sergio Meier</title>
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	<description>In memoriam</description>
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		<pubDate>Mon, 02 Aug 2010 17:56:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[In memoriam]]></category>

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		<description><![CDATA[Al cumplirse un año de su partida, inaguramos la página web oficial de Sergio Meier con el objetivo principal de reunir en un sólo sitio y de manera comprensiva, la información y el material relacionado con su vida y obra. Para ello contamos con el apoyo de Isabel Meier, esposa de Sergio y custodia de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.sergiomeier.cl/wp-content/uploads/2010/08/chimenea.jpg" alt="" width="543" height="238" /></p>
<p style="text-align: justify;">Al cumplirse un año de su partida, inaguramos la página web oficial de Sergio Meier con el objetivo principal de reunir en un sólo sitio y de manera comprensiva, la información y el material relacionado con su vida y obra. Para ello contamos con el apoyo de Isabel Meier, esposa de Sergio y custodia de su legado.</p>
<p style="text-align: justify;">En una de nuestras primeras reuniones con Isabel, y en un intento por definir cual debía ser el espíritu de este nuevo sitio, concluimos que debía tener un doble carácter, &#8220;conmemorativo&#8221; por un lado, e &#8220;investigativo y de estudio&#8221; por el otro. Y el objeto de estudio debía abarcar no sólo la obra de Sergio Meier, sino también los temas y autores cercanos a él, razón por la cual, estamos abiertos a recibir y publicar aquí todas las colaboraciones que se ajusten a este criterio.</p>
<p style="text-align: justify;">Como escribe Karlés Llord, el legado de Sergio Meier &#8220;&#8230;se renovará en su más estricta e infigurable pureza, cada vez que un escritor joven, sin esperar nada a cambio, se siente durante años a escribir y a indagar en su propio misterio&#8221;. Esta es una invitación a indagar entonces, a descubrir y a maravillarse, como lo hacía Sergio, con esta fantástica aventura que es la vida.</p>
<p style="padding-top: 14px;">
<p style="text-align: right;">Sergio Alejandro Amira</p>
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		<title>Tres cosas que aprendí de Sergio Meier</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Aug 2010 15:24:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[In memoriam]]></category>

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		<description><![CDATA[por Luis Saavedra Un caballero de perfecta sincronía. Hay una escena en “Tempest”, una rara joya de los 1980’s que está libremente emparentada con “La Tempestad” de Shakespeare, donde John Cassavettes, solo ante la inmensidad del océano en una isla griega, invoca la tormenta. Tímidamente al principio, casi inaudible, le pregunta en dónde se esconde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft" src="http://www.sergiomeier.cl/wp-content/uploads/2010/08/melencolia.jpg" alt="" width="226" height="292" /><strong>por Luis Saavedra</strong></p>
<p style="padding-top: 14px;">
<p style="text-align: justify;"><strong>Un caballero de perfecta sincronía.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Hay una escena en “Tempest”, una rara joya de los 1980’s que está libremente emparentada con “La Tempestad” de Shakespeare, donde John Cassavettes, solo ante la inmensidad del océano en una isla griega, invoca la tormenta. Tímidamente al principio, casi inaudible, le pregunta en dónde se esconde hasta que los nubarrones se adueñan del cielo y comienza a llover. La escena es una sincronía con el estado anímico del personaje, puro realismo mágico. Me imaginaba a Sergio haciendo lo mismo cuando Patricio Alfonso contaba cómo una vez lo recibió en su casa una noche con un eclipse total de Luna, eso estaba en su estilo. Primero, preparar el velo; segundo, esperar el momento que el satélite asomara la cara; tercero, dejar caer la trampa. Ver cómo Luna se eclipsa.</p>
<p style="text-align: justify;">Y lo volvió a hacer en el día de su funeral, en ese día tan helado y ventoso, subiendo la cuesta hacia el cementerio de Quillota. Desde arriba se domina toda la ciudad y se ve abajo serpenteando el que supongo es el río Aconcagua. Los árboles se arqueaban ante las ráfagas y hacía un frío que calaba, el perfecto escenario para una película de la Hammer. No sé cómo lo hacía, pero ese sentido de la puesta en escena se reflejaba en él, en su vestir, en su pensar, mantener siempre la estatura de la circunstancia. Así aprendí que su elegancia no era solo un tema estético sino un principio a contracorriente con la época, una forma de rebeldía. ¿Quién convocará ahora las nuevas tormentas? Aunque juguemos a tender trampas a la Luna, solo habrá uno que lo pudo hacer. Sergio Meier era un caballero en perfecta sincronía consigo mismo y el orden cósmico le daba toda la razón y lo acompañaba.<span id="more-529"></span></p>
<p style="padding-top: 14px;">
<p style="text-align: justify;"><strong>El mejor consejo.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Almorzábamos en su casa de Quillota. Siempre me pareció que estar con Sergio era una parte de cumpleaños, otra de show de los libros y una pizca de festival de chistes. Era un día de verano, pero en esa casa siempre es primavera porque cuando traspasas el umbral es fresca y acogedora. Comimos empanadas, tomamos jugo servido en esos jarros largos de capacidad a granel. Solo faltaban las piñatas y los globos. Animalescos, disectamos con placer la farándula y el apocalipsis, cómo la gente convertirá una advertencia sobre el futuro en un desastre global, hasta que cayeron bajo el microscopio la fauna local de escritores y aspirantes. Que ahí estaba aquél con cabeza de león y pies de barro o esa bestia parlante que brama solo entre los hielos, y no faltó el jabalí que bien sabía cómo escurrirse en los laberintos estatales. Pero pronto fue aburrido meter ese tipo de material en la batidora de palabras al vuelo que éramos. Entonces, Sergio me dio el mejor consejo de escritor que alguna vez me hayan dado, porque el problema del dragón, otro de los animales en la cartografía de la literatura chilena, era que la impaciencia lo devoraba y eso lo atesoraba como un motor para su máquina de escribir. Sergio contempló con desazón cómo se retorcía desesperado porque el león era el rey de la selva y el jabalí un eficiente sobreviviente. El dragón quería ser león o musaraña, pero no dragón. “No hay forma que el dragón acepte ser lo que es”, salta Meier en mi imaginación, en la recreación de lo que es un recuerdo vago. “Viene y va, y siempre parece encolerizado. El odio es tan estéril, te inmoviliza y seca todo lo que hay alrededor”. Y he aquí el consejo: “El tiempo está de tu lado, aunque no tengas nada de tiempo. La serenidad es una virtud deseada. No dejes que la desesperación se apodere de ti y te seque”. Por supuesto, Sergio no sonó así, en mi mente es el mejor ordenamiento mental que le puedo atribuir a sus palabras ese día, pero la esencia es esa. Alguna vez oí lo siguiente: a un astronauta le preguntaron qué haría en una emergencia si tuviera solo diez segundos para resolverlo y respondió que pensaría nueve de ellos y solo en el último segundo actuaría. Supongo que es solo ilustrativo, pero la asociación fue automática ese momento, que pasó y se perdió. Continuamos la tarde con la batidora de palabras hasta que fue tiempo de irnos a Viña del Mar.</p>
<p style="padding-top: 14px;">
<p style="text-align: justify;"><strong>Las tres melancolías y el círculo completo.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Cuando era niño me encontré con este grabado: Melancolía. Era una reproducción en una revista juvenil, creo que se llamaba Rumbo, y que siempre metía pequeñas anomalías en el contenido que desentonaban con la sempiterna caterva de chicas y chicos pop. No recuerdo a pito de qué venía, pero ahí estaba esa figura taciturna, noctambular, con un cometa de fondo y un dragón en cuyas alas se leía “Melencolia I”, rodeado de figuras geométricas y un cuadrado mágico. Un estado de completa suspensión del mundo, remanso de profunda tristeza al borde del mar, al borde de la soledad, que me absorbía. Durero la grabó el mismo año de la muerte de su madre y, por supuesto, es una escena altamente codificada.</p>
<p style="text-align: justify;">Luego es finales de 1995, cuando los Smashing Pumpkins sacan su tercer álbum, pero no es hasta que el disco gana sus siete nominaciones en los Grammy que no lo compré . Los descubrí, en esa intensa melancolía de nuevo cuño de esa década. Todo debido a un tipo que se pasó encerrado demasiado tiempo de empleado en tiendas musicales. Obsesivo, depresivo, demasiado atado a una madre que llamaba al anochecer para sostener largas conversaciones, Billy Corgan escribió 56 canciones de una sentada para construir una catedral acústica con canciones como el himno generacional “1979”, la poderosa “Bullet with Butterfly Wings” y la exultante “Tonight, Tonight”. Un disco doble sobre el que pende una suave tristeza contemplativa, retrospectiva, y al que acompañar la observación del grabado de Durero con canciones como “Porcelina of the vast oceans” y “By Starlight”.</p>
<p style="text-align: justify;">Más adelante y Sergio Meier escribe su prólogo para el libro “Kounboum”, de Kárles Lord que  comienza con: “El camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría”. La obsesión es un tema que atraviesa las tres melancolías, el delirio creativo y la contención del mundo. En su texto, leí por primera vez sobre la “Anatomía de la Melancolía”, un libro monumental editado en 1621, construido para abarcar todo el conocimiento de una época. Su autor, Robert Burton, clérigo inglés y profesor de Oxford, lo escribió como terapia precisamente para su melancolía, entonces considerada una enfermedad tratada con música y plantas acuáticas. Tomándola como excusa, se va por las ramas con más o menos humor, clasificando lo inclasificable con la paciencia de un enfermo. El hombre que tiene demasiada bilis negra tiene que ser melancólico y el que posee una imaginación desbocada por fuerza también lo es. El libro tiene trece mil citas y una de ellas se refiere a cómo una copia del grabado de Durero, “Melancolía I”,  llega a Inglaterra.</p>
<p style="text-align: justify;">Qué curioso, un círculo se cerró, pero no sé cómo ni para qué, pero involucra a Sergio y un buen puñado de años míos. Las melancolías son como tres ejes dimensionales que se ajustan las unas dentro de las otras. El mecanismo funciona pero es desconocido, pero excitante. En su canción “33”, Corgan escribe: “mysteries not ready to reveal”, es justo como debe ser.</p>
<p style="padding-top: 14px;">
<p style="text-align: right;"><strong>CC 2010. Luis Saavedra.</strong></p>
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		<title>A las puertas de Golgonooza, Sergio Meier habla con Aurelius Cabdeguur</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Aug 2010 15:18:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[In memoriam]]></category>

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		<description><![CDATA[por Cristián Arregui Berger Hay un tiempo y un lugar donde la derrota no existe, Cabdeguur hay zonas de nuestra mente que se abren y despiertan, más allá de los laberintos de citas que repiten estas nostalgias y alegrías. Son apenas la postrera imagen de otra imagen, nacida en luz antes de cualquier dilatación. Esas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://www.sergiomeier.cl/wp-content/uploads/2010/08/blacke-arregui.jpg" alt="" width="226" height="292" /><strong>por Cristián Arregui Berger</strong> </p>
<p>Hay un tiempo y un lugar donde la derrota no existe, Cabdeguur<br />
hay zonas de nuestra mente que se abren y despiertan, más allá<br />
de los laberintos de citas que repiten estas nostalgias y alegrías.<br />
Son apenas la postrera imagen de otra imagen, nacida en luz<br />
antes de cualquier dilatación. Esas penumbras más brillantes que el sol.<br />
Hay un tiempo y un lugar donde la muerte no existe, Cabdeguur<br />
Si podemos imaginarlo, entonces ES. Pero esa gnosis no se alcanza<br />
con siniestros cálculos ni bienhechoras esperanzas.<br />
La múltiple planicie sin planicie de la mente, la cuarta dimensión del deseo<br />
los sephirot y las precisas notas que cada runa entona y enciende<br />
en el oscuro concierto que somos. El bien total y absoluto, sin mancha<br />
y el mal que nuestra sobrevivencia crea, como escoria. Hay matrices, Cabdeguur<br />
que no vemos y que acaso sean alcanzables con fórmulas y sueños.<br />
Exactitudes que deben buscarse e inventarse cada vez. Algo muta<br />
desde el más allá y en el más adentro. Tú no eres tú, ni yo soy yo.<br />
Somos una lejana inscripción en el Universo &#8211; en su Origen<br />
y una expansión de onda que partió hace milenios.<br />
Mira: las frutas ya están maduras, el té servido. Bebámoslo antes que el frío cumpla<br />
con su programación y lo enfríe. Antes de que la cuenta regresiva del fruto<br />
avance hasta un punto en que éste pierda su plenitud y gusto.<br />
Mírame, Cabdeguur ¿por qué desesperar? La enfermedad que me aqueja<br />
cumple también la lógica de su propio programa. Lejanos son los tiempos<br />
en que el hombre persiguió el supremo bien y la estoica elegancia.<br />
Te lo diré así: Dios es algo muy distinto a lo que las religiones han querido.<br />
Pero aquí estamos y aquí debes luchar, descubrir cuál es el Enemigo verdadero<br />
y cómo lograr la secreta conjunción de los opuestos, entrar<br />
en el tabernáculo donde el <em>rabbi</em> y el <em>ariya</em> se reúnen.<br />
Más allá de las fronteras del siglo, Cabdeguur, en el umbral<br />
de una Era que casi no existe. Tanto es su futuro acumulado<br />
tanta su expectación y profecía. Es el Juego de la Mónada por conocerse.<br />
Somos otros y los mismos a la vez, en tiempos y espacios paralelos.<br />
Tan cerca, Cabdeguur, que casi logro escuchar sus voces y vivir sus pasos.<br />
No soy yo este cuerpo delgado y cansado que desea.<br />
Nos han despojado de todo el Recuerdo; quizá la ciencia pueda retornarlo<br />
siguiendo las sendas de la fantasía y del poema.<br />
Cabdeguur, es tarde, es temprano. Ya es hora que me dejes. Sal tranquilo.<br />
Afuera está Silvita y ella te abrirá la puerta. Pero escucha antes un momento -<br />
en el jardín conversan las mujeres. Sus palabras parecen tan fugaces y bellas<br />
como si el agua pasara de un cántaro a otro, y algo nos dijera<br />
que están a punto de romperse. No te preocupes, no tengo frío.<br />
Me he acercado al fuego sólo por costumbre. Ahora subiré a  mi cuarto.<br />
Que tengas un buen viaje, debo irme.<br />
El Universo es completamente blanco ya.</p>
<p style="padding-bottom: 14px;">
<p style="text-align: right;"><strong>© 2010, </strong><strong>Cristián Arregui Berger</strong><strong>.</strong></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Vida y muerte de Sergio Meier</title>
		<link>http://www.sergiomeier.cl/vida-y-muerte-de-sergio-meier/</link>
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		<pubDate>Mon, 02 Aug 2010 15:09:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[In memoriam]]></category>

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		<description><![CDATA[por Karlés Llord En el origen de un hipotético ‘canon oculto’ de la literatura chilena, veo a una monja, Ursula Suarez, llevada por la alucinación de escribir, en un ambiente inquisitorial y jesuítico. En el epígrafe Materialidad de la confección, de su prólogo a la Relación Autobiográfica de sor Ursula, Mario Ferreccio Podesta explica cómo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft" title="Prometeo encadenado - Jacob JORDAENS" src="http://www.sergiomeier.cl/wp-content/uploads/2010/07/prometeo.jpg" alt="" width="226" height="292" /><strong>por Karlés Llord</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En el origen de un hipotético ‘canon oculto’ de la literatura chilena, veo a una monja, Ursula Suarez, llevada por la alucinación de escribir, en un ambiente inquisitorial y jesuítico. En el epígrafe Materialidad de la confección, de su prólogo a la Relación Autobiográfica de sor Ursula,  Mario Ferreccio Podesta explica cómo &#8220;Ursula relata su vida a instancias de confesor y con los recados de escribir -papel, pluma, tinta- que éste le proporciona. El papel se le entrega en la forma de hojas de formato aproximadamente de oficio, usualmente en número de cuatro y plegadas, constituyendo así cuadernillos de ocho hojas y dieciséis páginas. Agotado el papel de que disponía, éste era retirado por el confesor y se le suministraba nuevo material. Tal ritmo de avance llega a hacerse tan determinante de la redacción, que el cuadernillo pasa a convertirse en unidad de medida interna de la materia narrada.&#8221; Asimismo, al parecer la libertad de expresión de sor Ursula quedaba restringida en más de un sentido. &#8220;Ursula da clara seña de no tener delante en su poder los cuadernillos ya escritos, como cuando manifiesta no estar segura de si el paso que se propone relatar ya está narrado. &#8216;Paréseme que esto no está en los otros cuadernos&#8217;; de haberlos tenido delante, bien hubiera podido verificarlo para no arriesgarse a repetir lo ya dicho.&#8221; El confesor, al parecer, guardaba los papeles ya escritos, con celo digno de personaje en situación kafkiana, donde la parte es más importante que el todo, y no solo es más importante, sino que impone primacía tiránica sobre el todo desinflado y descontextualizado. Y así el confesor, el albacea, adquiere un rango infinitamente superior al autor, cuyo rol se reduce al de ser un esclavizado transcriptor al servicio de un poder parasitario, cuya autoridad moral se impone por el don de la humillación, consagrado institucionalmente. En el estudio preliminar de Armando de Ramón, descubrimos que sor Ursula, a lo largo de sus escritos, &#8216;juró e insistió que había sido forzada a escribir la Relación de las singulares misericordias por orden de su confesor. Así lo dijo en el título con que encabezó su relato y así lo reiteró en diversas partes del texto manifestando su repugnancia a escribir y confesando que debió luchar tenazmente consigo misma para obligarse a revelar los sucesos de su vida&#8230;&#8221;<span id="more-362"></span></p>
<p style="text-align: justify;">No deja de asombrarme el hecho de que, a partir de doña Ursula, los escritores chilenos oscilen entre la repugnancia de escribir y el dolor de escribir. Verdadera felicidad literaria no he hallado, al menos en los autores que me interesan, y aquellos que intentaron esa felicidad, murieron, prometeicos, devorados por el buitre del cáncer, de la insuficiencia renal, o de la leucemia. Juan Luis Martínez, Juan Emar, Roberto Bolaño, Sergio Meier, todos ellos creadores de obras llenas de belleza, misterio, profundidad, elegancia, integrantes ilustres de ese canon oculto de la literatura chilena donde transparencia y locura se intercambian señas y roles, han sido autores que han sacrificado su vida para escribir lo que no puede escribirse.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya no hablemos de los suicidas, no hablemos de los hambrientos, de los desheredados, de los que murieron por falta de amor o por falta de fe en sí mismos, o por una limitada comprensión del fenómeno íntegro de la vida. No hablemos de los autores de textos esmirriados, de los copiones, de los melancólicos, de los asesinados. De esos también desborda el árbol de la prosa y la poesía chilena. No hablaremos de ellos, pues ahora, en este breve intersticio de la memoria, cuando se marca en el calendario de las letras una fecha que a pocos parecerá significativa, corresponde hablar de un sujeto literario que también fue un hombre entrañable; uno de los pocos escritores con los que, creo, se habría entendido doña Ursula Suárez. Hablaremos de la vida y la muerte de Sergio Meier.</p>
<p style="text-align: justify;">Se ha hablado hasta el cansancio de las bondades personales de Meier, de su cultura, de su dominio de lenguas y libros extraños, de su capacidad fabuladora, de su extravagancia y misterio. Ha ido creciendo la leyenda en torno a este personaje extraño y querible. La leyenda, ciertamente, tiende a convertir los hombres en un mosaico formado por los lentes particulares de aquellos que vieron en ellos lo que quisieron, lo que pudieron, con el agravante de que el otrora vivo ahora no puede hacer reclamos desde el otro mundo. Veo la leyenda como un segundo buitre, que pasa recogiendo lo que el buitre de la muerte dejó caer en su vuelo; pero este segundo buitre es más sutil y aterrador que el primero, pues no busca alimentarse, sino màs bien componer con las piltrafas sobrantes un cuerpo de gloria: es un buitre con ínfulas de demiurgo.</p>
<p style="text-align: justify;">A un año de la muerte de Sergio Meier, el mosaico demiúrgico sigue forjándose con los aportes de todos nosotros, los amigos que lo conocimos y que deseamos que siga viviendo de un modo particular en nuestra memoria. Es imposible para mí mismo escapar de esa orientación, de esa inercia, pues estoy con todos en el ruedo. Lo que sí intentaré aquí es quizás semejante a lo que el loco Leopoldo María Panero quiso hacer en la película El Desencanto: desmontar la leyenda épica de la familia, del arte, de la vida trágica tronchada injustamente, del destino sagrado cumplido a cabalidad en los campos heroicos de la Historia.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué hay tras la muerte física de un escritor? ¿Qué ocultas motivaciones se esconden? En el caso de Sergio, se trata de algo simple e infinitamente complejo a la vez: la realidad era para él una alucinación insoportable. Por otro lado, quería vivir no cerca de los libros, sino en los libros. Mudarse dentro de un libro, ese era su sueño. Huir de lo corporal, de lo material, crear siempre un mundo paralelo, por no soportar este, y de ese paralelo trazar un puente a otro, siempre paralelo, siempre más allá y más allá, escapándose por una galería de túneles hacia la matriz infinita donde le aguardaría, tal vez, la liberación última. La gracia de sus maneras, lo que agradaba de su trato, era una pálida proyección de ese anhelo desesperado por salir corriendo de esta tierra y poblar las múltiples galaxias de su fantasía, o de la fantasía de los autores que amaba. Hoy, antes que la leyenda cree su frankenstein deleznable, juntémonos aquí, al borde la fuente aún fresca de su sangre, a recordarlo tal como quiso ser, tal como soñó ser: un hombre que no quería estar en la Tierra, un hombre que vivía en mundos imprevistos, a años luz de todo lo que nosotros, aún encarnados, podemos desear, o entrever. Ninguno de nosotros conoció a Sergio Meier; lo que conocimos y amamos fue la proyección monádica de una entidad estelar cuya base de operaciones era una galaxia lejana, un mundo de ciencia o de conciencia-ficción pura. No nos engañemos, señores. No confundamos la bella sombra con la raíz noumenal del fenómeno.</p>
<p style="text-align: justify;">La muerte temprana de Sergio es una tremenda pérdida para todos los que disfrutamos de su persona y que ahora debemos conformarnos con su literatura a secas. Porque en la literatura ya no está el hombre vivo, el espíritu que buscaba, descubría, improvisaba. Ahora entiendo cuando Borges decía que la prosa de Macedonio Fernández era una sombra de su conversación; para mí era ininteligible y hasta soberbia esa expresión porque soy amante de la prosa de Macedonio, y porque jamás gocé de su plática. Más ahora, el demonio de la analogía me ha dado la llave para comprenderlo, pues la prosa de Meier era no la sombra, pero sí el ectoplasma o el doble etérico de su conversación. Por suerte hay diálogos suyos grabados, que oportunamente serán dados a la luz, para que muestren la maravilla de lo que en el papel es apenas ceniza.</p>
<p style="text-align: justify;">Él mismo, en charlas con el autor de estos párrafos, continuamente alude a la primacía de lo hablado sobre lo escrito. Cito del volumen inédito La Máquina Cuántica: conversaciones con Sergio Meier.</p>
<p style="text-align: justify;">Sergio Meier/…¿Es necesario escribir? Porque uno puede narrar, seguir narrando y componiendo libros sin escribirlos. De hecho el mismo proceso que nosotros estamos realizando ahora, hablando….Porque es distinto estar encerrado, solo, escribiendo. Y otra cosa diferente es divagar y hablar, como hacían los antiguos. Porque cuando uno sigue un camino, en este camino también es importante tener conciencia de que en el principio de la literatura no se escribía: se hablaba. Y hay que tener conciencia de eso, porque es muy importante cuando uno ya está en la frontera, en el límite. Eso es clave. Porque durante miles de años sólo se habló. ¿En qué momento se empiezan a escribir la Iliada y la Odisea? Después que se han cantado innumerables veces.</p>
<p style="text-align: justify;">Karlés Llord/ Allí podría trazarse un paralelo con el significado del colapso de la función de onda. Es decir, cuando algo está en el plano oral, se mantiene en el mundo de las mil posibilidades. De pronto, se empieza a escribir, cristaliza esto, y las miles de versiones de la Iliada y la Odisea que estaban dando vueltas cristalizan en una.</p>
<p style="text-align: justify;">SM/ Se determinan. Ya no pueden escapar. Entonces, ahí volvemos otra vez a lo pequeño. A lo que decía Hawking. ¿Cómo tú puedes escapar, cómo puedes llegar a las otras versiones de la Iliada y la Odisea, a las infinitas versiones? La única forma, es volviendo a este estado aparentemente de lo pequeño, de lo ínfimo, que es el pensamiento puro. Cuando nosotros hablamos, estamos emitiendo pensamientos puros, que están al borde del colapso.</p>
<p style="text-align: justify;">KL/ Y que eluden el colapso. Ese es un beneficio de la palabra hablada.</p>
<p style="text-align: justify;">SM/ Y en ese aspecto también pensemos que, cuando un autor llega a determinado punto, tan importante es lo que escribe como lo que empieza a hablar. Y ese es otro camino. Ahora, es bonito pensar que cuando Shakespeare decide no escribir más, y se va al campo, o cuando otros autores dejaron de escribir, quizás no dejaron de escribir, sino que su obra la hicieron de otra forma.</p>
<p style="text-align: justify;">Meier, en su conversación, salva esa tremenda pérdida de su cuerpo físico, el eterno silencio que nos legó, y el inmenso desafío que constituye su ausencia oral y vocal. ¿Cuántos de nosotros creemos en la reencarnación, en el eterno retorno, en la vida del alma fuera del cuerpo? Yo arguyo que Meier buscó su propia pérdida física, y que su muerte es un regalo que, acaso sin saberlo, se hacía a sí mismo. La energía sin forma que en él habitaba, fagocitó un cuerpo físico que era el mero vehículo accidental de un alma encarnada aquí, en esta tierra, por error o broma absurda, según él mismo creía. No es casual que en sus últimos días, ya atacado por el buitre implacable del cáncer, se mostrase más efusivo y humano que nunca. También, más brillante, más lúcido. Se hallaba en el impensable borde del mundo de las maravillas, y sabía que estaba a punto de saltar en lo desconocido, en la fuente misma de todas sus búsquedas. El estallido de su cuerpo en la salida del túnel, camino a la liberación absoluta, sería visto en otras latitudes como celebración y reencuentro de los Muchos y el Uno. Pero, pregunto nuevamente, ¿Cuántos de nosotros creemos en verdad que Sergio Meier vive más allá de su muerte?</p>
<p style="text-align: justify;">Incrédulos o no, nos volvemos a la mesa del banquete, en busca de las migajas. Revisamos con nostalgia las obras publicadas, las conversaciones sostenidas, los recuerdos, los textos antologados, las charlas públicas, los blogs, las entrevistas televisivas. ¿Subsiste Meier en medio de esa vidriería irreparable?</p>
<p style="text-align: justify;">Por supuesto que no. Meier ya no vive más: Meier ha muerto. Lo que vive es un legado que ya no es él, la prolongación de una leyenda sin la cual nosotros, los escritores cercanos a su vena, nos sentiríamos huérfanos o mutilados. Lo que queda es la aureola de un misterio que será por siempre alimentado, malinterpretado, y que sólo se renovará en su más estricta e infigurable pureza, cada vez que un escritor joven, sin esperar nada a cambio, se siente durante años a escribir y a indagar en su propio misterio. Entonces algo podrá ocurrir, un florecimiento inesperado. Pero eso siempre sucede en cierto tiempo, en algún lugar, y Meier es una floración más de todo un jardín de floraciones singulares, en un país donde la leyenda es más importante que la mera manifestación de la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">La leyenda de la vida y muerte de Sergio Meier continuará medrando entre nosotros, “a instancias de confesor”. Quienes lo conocimos, somos libres de pensar, como dice categórica y fríamente Sergio Alejandro Amira, que “si has estado con Jesús y oído sus enseñanzas no necesitas la Biblia”. Para los que vienen después, quedará el reto de imaginarlo a través de lo que permanece en sus escrituras y conversaciones, contribuyendo a crear, en el seno de esa leyenda, nuevos estratos que, como los cuadernillos de la infortunada sor Ursula, serán retirados una vez colmado su molde, y escondidos en el espeso canon de la literatura chilena. Una vez que el primer estrato se pierda de vista, el Sergio Meier real –si alguna vez existió- será definitivamente suplantado por cualquier otro impostor hipostasiado a partir de su nombre. Y así, el buitre demiúrgico podrá, cumplida su excitante labor, remontar vuelo hacia los cielos de algún universo paralelo, transformado en paloma.</p>
<p style="padding-top: 14px;">
<p style="text-align: right;"><strong>© 2010, Karles Llord.</strong></p>
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		<title>El multidimensional y eterno Sergio Meier</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Aug 2010 14:00:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[In memoriam]]></category>

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		<description><![CDATA[por Rafael Cheuquelaf No quiero hablar aquí de quien fue Sergio Meier ni de lo que hizo. Eso es algo sabido por mucha gente, que lo conoció tanto a través de su persona como leyendo los productos de su audaz imaginación de escritor. Tampoco es mi intención lamentar aquí su ausencia, sentimiento que comparto con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft" title="Rafael Cheuquelaf, Isabel Meier &amp; Sergio Meier" src="http://www.sergiomeier.cl/wp-content/uploads/2010/08/cheuque.jpg" alt="" width="226" height="292" /><strong>por Rafael Cheuquelaf</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No quiero hablar aquí de quien fue Sergio Meier ni de lo que hizo. Eso es algo sabido por mucha gente, que lo conoció tanto a través de su persona como leyendo los productos de su audaz imaginación de escritor. Tampoco es mi intención lamentar aquí su ausencia, sentimiento que comparto con muchos y del cual no me atrevo siquiera a intentar ser portavoz. Pero me permitiré imaginar (o simplemente desear ver) en que podría ocupado ahora.</p>
<p style="text-align: justify;">Cierro los ojos. Y lo veo:</p>
<p style="text-align: justify;">Deslizándose a través de las eras. Sentado entre los alumnos de Pitágoras, mirando como el Maestro dibuja su Teorema en la arena. Buscando un manuscrito en la Biblioteca de Alejandría con la ayuda de Hipatia. Jugando ajedrez con un filósofo árabe que se mueve como autómata. Sosteniendo en sus manos La Piedra Filosofal y discutiendo con Nicolás Flamel acerca de sus reales propiedades. Ocultando en su vieja casona de Quillota libros prohibidos, destinados al fuego por el Index de la Inquisición. Recibiendo junto Borges el fulgor hipnótico del Aleph en un sótano porteño.</p>
<p style="text-align: justify;">Navegando por los océanos estelares que separan y unen los universos, a bordo de una nave dorada con un mascarón de proa que tiene el rostro de la mujer que amó. Trazando su ruta con el compás del Tiempo y el sextante del Espacio.</p>
<p><span id="more-417"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Jugando a ensamblar un Lego de Diez Dimensiones y usando a plenitud sus nuevos y poderosos sentidos. Pintando paisajes con todo el espectro visible e invisible.</p>
<p style="text-align: justify;">Componiendo música con las vibraciones cuánticas y con el canto de sirena de los soles.</p>
<p style="text-align: justify;">Siendo testigo de la titánica lucha de Newton y Leibnitz y encontrándose con múltiples versiones de Einstein y Bohr que desparraman los ecos de su discrepancia eterna.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo veo como hombre, como anciano, como niño, extendiendo sus manos y dispersando nubes de hidrógeno y calculando trayectorias improbables.</p>
<p style="text-align: justify;">Retrocediendo hasta el Bing Bang y acelerando hasta la Muerte del Universo, solo para descubrir que este Final es solo el Alumbramiento de un Nuevo Cosmos, que nace luminoso y se expande lleno de energía.</p>
<p style="text-align: justify;">Hace un año Sergio Meier traspasó una puerta, la que nos está· esperando a todos. Y al hacerlo ha superado su Propia Imaginación y la Nuestra.</p>
<p style="text-align: justify;">Eso es lo que veo.</p>
<p style="text-align: justify;">Eso es lo que deseo.</p>
<p style="padding-top: 14px;">
<p style="text-align: right;"><strong>© 2010, Rafael Cheuquelaf Bradasic,<br />
integrante del dúo LLUVIA ACIDA.</strong></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Te conozco de algún lado</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Aug 2010 13:59:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[In memoriam]]></category>

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		<description><![CDATA[por Daniel Guajardo Con Sergio no fuimos amigos. Alguna vez nos saludamos en un evento por aquí y por allá, en la presentación de Poliedro 2 y alguna feria del libro. Me dicen que cuando le hablaban de mí, se le venía a la mente otra persona. Y aunque esta distancia era evidente, mi anhelo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft" src="http://www.sergiomeier.cl/wp-content/uploads/2010/08/meier-poliedro.jpg" alt="" width="230" height="296" /><strong>por Daniel Guajardo<br />
</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Con Sergio no fuimos amigos. Alguna vez nos saludamos en un evento por aquí y por allá, en la presentación de <em>Poliedro 2</em> y alguna feria del libro. Me dicen que cuando le hablaban de mí, se le venía a la mente otra persona. Y aunque esta distancia era evidente, mi anhelo era conocerle, escucharle, aprender de él. Tal vez encontrarlo algún día en otro evento del que no tuviera que salir corriendo, invitarle un café, hablar de cosas banales y en el proceso recibir algo de su sabiduría.</p>
<p style="text-align: justify;">Porque Sergio Meier era un sabio amable y terrenal. Tantas veces oí hablar de él y sus charlas con otros amigos escritores, sus presentaciones en público, y podía ver en mis interlocutores ese brillo que se enciende cuando alguien de verdad apasionado te contagia con su fuego. Yo quería ser uno de ellos.</p>
<p style="text-align: justify;">En la presentación de <em>Poliedro 3</em> en noviembre de 2008 lo tuve frente a mí, no me salieron palabras, quería hacerle preguntas que no se formaban. Parecía cabro chico, sin soltarle la mano por varios segundos a ver si por lo menos se me pegaba algo de su elocuencia, y el pobre Sergio ahí sonriéndome, tratando de retirar su mano, &#8220;sáquenme a este loco&#8221;.<span id="more-380"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Es surrealista admirar a alguien así, en otra época me habría sentido avergonzado, ahora quiero que esa sensación de estar ante un noble de armadura plateada se mantenga. En la presentación misma de <em>Poliedro</em> lo escuché y absorbí cada palabra, cada frase, como si fuera mi cantautor favorito. Y se marchó raudo dando vítores, &#8220;la ciencia ficción ha muerto, que viva la ciencia ficción&#8221;. Le gustaba el teatro.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo vi por última vez en su velorio. La idea de que la persona que estaba allí no era él se mantuvo fija desde que llegué y al final de la ceremonia se diluyó, era él, y me quedó un vacío raro, rabia, de nuevo vacío y al final tranquilidad. Hasta sentí alegría, porque Meier conocería todos esos lugares en los que soñaba despierto, incluso otros que ni podría imaginar. Así que le dije unas cuantas cosas que sólo él podía escuchar, nos dimos la mano con el saludo de los mejores amigos y nos dijimos adiós.</p>
<p style="text-align: justify;">En alguna parte de este vasto universo debe estar sonriéndose piadoso, recordando su vida y a sus seres queridos, esperándoles con una once de pan tostado y mermelada. Ahora mismo nos guiña un ojo.</p>
<p style="padding-top: 14px;">
<p style="text-align: right;"><strong>© 2010, Daniel Guajardo.</strong></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Constructor de mundos</title>
		<link>http://www.sergiomeier.cl/constructor-de-mundos/</link>
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		<pubDate>Mon, 02 Aug 2010 13:50:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[In memoriam]]></category>

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		<description><![CDATA[por Alberto Rojas La primera vez que me topé con Sergio Meier fue en octubre de 2007, en la Biblioteca de Santiago, una calurosa tarde de sábado, durante el ciclo de charlas titulado —precisamente— “Octubre Fantástico”. En esa oportunidad nos presentamos y me sorprendió que él supiera quién era yo y qué habría escrito, porque [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft" src="http://www.sergiomeier.cl/wp-content/uploads/2010/08/octubre.jpg" alt="" width="226" height="292" /><strong>por Alberto Rojas</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La primera vez que me topé con Sergio Meier fue en octubre de 2007, en la Biblioteca de Santiago, una calurosa tarde de sábado, durante el ciclo de charlas titulado —precisamente— “Octubre Fantástico”.</p>
<p style="text-align: justify;">En esa oportunidad nos presentamos y me sorprendió que él supiera quién era yo y qué habría escrito, porque ya habían transcurrido varios meses del lanzamiento de la reedición de mi primera novela, “La Lanza Rota”. Además, nunca antes nos habíamos encontrado frente a frente. Sin embargo, eso a él no le importó y nos pusimos a conversar como si nos hubiéramos conocido de toda una vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Sergio me pareció una persona muy cálida, cercana y atenta. Un hombre capaz de escuchar con atención lo que uno decía y demostrar su infinita curiosidad a través de preguntas oportunas y certeras.</p>
<p style="text-align: justify;">De nuestra conversación también me quedó claro que además de escritor, era una persona extremadamente culta, llena de inquietudes y un claro devorador de libros; de esos que pertenecen a las ligas mayores.</p>
<p style="text-align: justify;">Al momento de despedirnos, Sergio abrió el maletín que traía y me regaló un ejemplar de su libro, “La Segunda Enciclopedia de Tlön”, con una dedicatoria llena de sincero afecto.<span id="more-374"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Nos volvimos a encontrar en la Biblioteca Nacional algunas semanas después, en noviembre, durante el lanzamiento de la antología “Alucinaciones.txt”. Fue un momento especial, porque por un buen rato ese salón en el segundo piso de aquel imponente edificio en plena Alameda se transformó en algo así como la Isla Tortuga de los escritores de ciencia ficción chilenos. Un epicentro de ideas, historias, proyectos e ilusiones.</p>
<p style="text-align: justify;">Y Sergio vestía de manera impecable, siempre con su mirada atenta y curiosa a través de sus lentes, comentando la importante de la ocasión.</p>
<p style="text-align: justify;">Observar a Sergio Meier era descubrir en pleno siglo XXI a un hombre que —en muchos aspectos— parecía arrancado del siglo XIX. Y eso, sin duda, era parte de todo lo que lo hacía una persona realmente única.</p>
<p style="text-align: justify;">Reconozco que su partida me tomó completamente por sorpresa y ese día, al abrir el diario, fue como chocar de frente contra un muro. La incredulidad dejó paso al dolor y sobre todo, a una sensación de irreparable pérdida. No sólo se iba un ser humano talentoso y especial; también desaparecían para siempre las oportunidades de volver a conversar con él, de intercambiar ideas, de descubrir el mundo a través de su especial mirada, de que sorprendiera nuevamente a los lectores con un nuevo libro. En el fondo, un cúmulo de cosas que podrían haber sido y que ahora jamás llegarían a concretarse.</p>
<p style="text-align: justify;">Las personas —sin importar a qué se dediquen— siguen viviendo a través de nuestros recuerdos, pero también en sus obras. Y por eso me parece importante, por no decir urgente, que su obra siga siendo difundida, por ejemplo, a través de ese universo infinito que es internet. ¿Por qué? Básicamente porque es un acto de justicia con él y sus trabajo. Y porque hoy, en un mundo donde los medios tradicionales cada vez parecen menos masivos, la web ofrece tanto inmediatez como un democrático acceso global.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Cuántas ideas y proyectos quedaron inconclusos? Imposible saberlo, porque deben haber sido muchísimos. Así que me pregunto qué secretos debe guardar el disco duro de su computador y si allí, convertidos en impulsos eléctricos, todavía residen cuentos o novelas inéditas, esperando la oportunidad de ver la luz.</p>
<p style="text-align: justify;">En algún punto del tiempo y el espacio siento que tanto el pensamiento como la obra de Sergio Meier se cruzan con los de figuras como Neal Stephenson o Philip K. Dick. Y no lo digo de manera liviana. Sergio tenía una curiosidad e inquietud casi renacentistas, que sin duda le permitían dimensionar los grandes temas de la ciencia ficción. Una mirada que iba más allá y que demostraba su gran capacidad intelectual y calidad humana.</p>
<p style="text-align: justify;">Hasta hace poco, dentro del universo de escritores chilenos de ciencia ficción, fantasía y terror —hombres y mujeres, por cierto—, no podía dejar de sentir que había un lugar vacío. Un asiento reservado, con nombre y apellido, pero que ciertamente nadie podría volver a ocupar jamás. Ahora creo que ese lugar hoy es más que un asiento vacío; es un lugar de honor, único e intransferible. Es la huella imborrable que Sergio Meier dejó en este país con sus ideas, sus letras y su personalidad, pero sobre todo es el recuerdo que dejó en el corazón de todos los que tuvimos el privilegio de conocerlo. Gracias Sergio.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>© 2010, Alberto Rojas.</strong></p>
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		<title>El bromista en la galaxia</title>
		<link>http://www.sergiomeier.cl/el-bromista-en-la-galaxia-2/</link>
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		<pubDate>Mon, 02 Aug 2010 13:40:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[In memoriam]]></category>

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		<description><![CDATA[TAZA DE LECHE Alguna foto no de ahora quillotana de algún muerto enterrado en el Cerro Mayaca me alegra el almanaque porque este muerto está muerto de la risa por Patricio Alfonso Me imagino que una nota de este tipo, si se refiriera a otra persona, empezaría con las palabras “va a hacer un año [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;">TAZA DE LECHE</p>
<p style="text-align: right;">Alguna foto</p>
<p style="text-align: right;">no de ahora</p>
<p style="text-align: right;">quillotana</p>
<p style="text-align: right;">de algún muerto enterrado</p>
<p style="text-align: right;">en el Cerro Mayaca</p>
<p style="text-align: right;">me alegra el almanaque</p>
<p style="text-align: right;">porque este muerto</p>
<p style="text-align: right;">está muerto</p>
<p style="text-align: right;">de la risa</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="padding-top: 14px;"><img class="alignleft" src="http://www.sergiomeier.cl/wp-content/uploads/2010/08/bromista.jpg" alt="" width="226" height="292" /><strong>por Patricio Alfonso</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Me imagino que una nota de este tipo, si se refiriera a otra persona, empezaría con las palabras “va a hacer un año que se fue” o “por estos días hace un año que no está entre nosotros”. Pero ocurre que estamos hablando de Sergio Meier, es decir, de un bromista tan inveterado y absoluto – en su propio estilo, que no excluye sino más bien lo contrario la máxima pulcritud y corrección – que ni la muerte ha sido capaz de detenerlo. Es más; al parecer no ha hecho sino proporcionarle nuevos materiales para su lúdico quehacer. Prueba de ello es el texto, que no sé si llamar poema, que figura a manera de epígrafe al comienzo de estas líneas. Lo escribí cuando Sergio estaba vivo y nada me hacía suponer siquiera que pudiera encontrarse enfermo. Fue luego de un paseo de ambos al cementerio situado en las no tan altas alturas de Quillota, el mismo que ahora alberga su tumba. Sólo Sergio es (no voy a decir “fue”) capaz de hacer este tipo de bromas cósmicas, de coger la materia del universo y enlazar de este modo lo cósmico y lo cómico, que acausalmente en el papel difieren por sólo una letra,  y también lo trágico ( En vida perpetraba jugarretas parecidas, como cuando programaba un eclipse para recibir a sus amigos).</p>
<p><span id="more-371"></span></p>
<p style="text-align: justify;">¿O alguien me va a decir que no es una broma genial convertir la propia vida en una variante de la biografía de HP Lovecraft hasta el punto – aquí de nuevo el ribete trágico y de humor negro &#8211; de fallecer también en la cuarentena y de una dolencia sustancialmente parecida? Una variante, porque el bromista magistral no iba a permitirse el mal gusto del calco, de la mera repetición. En esa figura voluntariamente presidida por HPL hay también añadidos trozos de Borges – otro bromista tan acérrimo como elegante -, de Gustav Meyrinck y, claro, del Dr. Smith. Mas, como dijo en una ocasión Sergio Amira,  nada de esto puede modificar el hecho de que Sergio Meier era (es) irrepetiblemente y sin apelación Sergio Meier, lo cual significa también ser todos aquellos dobles.  (Y es por esto que, cuando en medio de una conferencia o una entrevista, Sergio declaró “yo soy Lovecraft”,  yo supe  sin ningún género de dudas que decía la verdad)</p>
<p style="text-align: justify;">Quien mejor que un bromista para sumergirse en la cita, en la metatextualidad. Sergio lo hacía sin concesiones ni límites, con arrojo y valentía. En vez de esa originalidad que a tantos obsesiona, de su escritura brota una suerte de hiperoriginalidad de signo indudablemente posmoderno. Resulta notable que haya titulado a su última novela publicada como La Segunda Enciclopedia de Tlön, transformando así la propia obra en mera referencia. Hacen falta cojones para algo así. Lo mismo que para declarar públicamente que uno es Lovecraft.</p>
<p style="text-align: justify;">Recuerdo – va a hacer un año, obviamente, mientras escribo estas palabras- el momento en que recibí la noticia de la muerte de Sergio. Fue de improviso, y “aprendí en seguida lo más terrible” Lo que en tales minutos hacía  era contemplar esa magnífica pieza gráfica y literaria de Romo &amp; Figueroa que es &#8220;Informe Tunguska&#8221;. Hubo una página que quedó marcada por esa nueva que, aunque trágica, ya no me atrevo a llamar funesta. No puedo, porque escucho su reír.</p>
<p style="text-align: right;">Julio/agosto de 2010.</p>
<p style="padding-bottom: 14px;">
<p style="text-align: right;"><strong>© 2010, Patricio Alfonso.</strong></p>
]]></content:encoded>
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		<title>En memoria de Sergio Meier</title>
		<link>http://www.sergiomeier.cl/en-memoria-de-sergio-meier/</link>
		<comments>http://www.sergiomeier.cl/en-memoria-de-sergio-meier/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 02 Aug 2010 13:15:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[In memoriam]]></category>

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		<description><![CDATA[por Patricio Robles En una noche de primavera de 2008, a la hora de cenar con mi esposa después de una jornada de nuestro trabajo, tratando de sintonizar un canal de televisión que transmitiera algún programa relacionado con arte o cultura, me encontré con Cristián Warnken que en su programa Una belleza Nueva, entrevistaba a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft" title="Patricio Robles &amp; Sergio Meier" src="http://www.sergiomeier.cl/wp-content/uploads/2010/08/probles.jpg" alt="" width="226" height="292" /><strong>por Patricio Robles</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En una noche de primavera de 2008, a la hora de cenar con mi esposa después de una jornada de nuestro trabajo, tratando de sintonizar un canal de televisión que transmitiera algún programa relacionado con arte o cultura, me encontré con Cristián Warnken que en su programa Una belleza Nueva, entrevistaba a un personaje que nunca había visto antes. Usaba lentes, un chaleco corto sin mangas y un reloj de cadena que salía de su bolsillo. Parecía un escritor o intelectual de una película ambientada a fines del siglo XIX, sin duda una época que me imagino fue muy romántica e idealista.</p>
<p style="text-align: justify;">Siempre me ha atraído la física, la filosofía y la literatura, a pesar que no tengo conocimientos profundos de las dos últimas disciplinas y solo de la primera creo conocer más por la actividades de docencia e investigación que hago en esa área de la ciencia, en la que nunca se deja de aprender si se trabaja con entusiasmo y en forma sistemática.</p>
<p style="text-align: justify;">Después de escuchar un poco la forma y contenido de lo que expresaba el entrevistado de Cristián Warnken, no me pude despegar del televisor. Era un lenguaje que me atrajo de sobremanera porque mezclaba la poesía, la literatura y la ciencia en una forma que nunca antes había escuchado. No solo era un lenguaje hermoso sino que los temas los abordaba con suma claridad conceptual y en una forma accesible para no especialistas en estos temas.<span id="more-444"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Después que terminó la entrevista y supe que el nombre de ese entrevistado era Sergio Meier, busqué en internet información sobre este personaje y encontré su dirección de correo electrónico. De inmediato le envié un mail manifestándole mi enorme interés por una oportunidad para conversar con él y pidiéndole una entrevista.</p>
<p style="text-align: justify;">Al día siguiente me contestó y me dijo que podíamos juntarnos a tomar un café en Valparaíso. Por supuesto que no dejé pasar esa oportunidad y me presenté a un café ubicado frente a la plaza Anibal Pinto, un lugar muy típico de Valparaíso que a pesar de la apariencia actual, que para mi gusto denota decadencia, me proyecta a otras épocas imaginarias en que este lugar debe haber sido muy hermoso y representativo de una importante ciudad como lo era nuestro querido Valparaíso a fines del siglo XIX y en la primera parte del siglo XX.</p>
<p style="text-align: justify;">En torno a una mesa estaba el personaje de aquella inolvidable entrevista del programa de la televisión y me acerqué con cierta timidez a presentarme. Pero Sergio Meier era un hombre muy cálido que no requería de presentaciones formales y de inmediato me invitó a tomar asiento y compartir junto a un café, una interesantísima conversación de casi tres horas. Allí se inició una profunda amistad que duraría menos de un año, por la repentina partida de Sergio Meier hacia otros planos o universos paralelos como diría él.</p>
<p style="text-align: justify;">Entre todo lo que conversamos, nos pusimos de acuerdo en organizar en conjunto un coloquio en que trataran los temas que él abordó en esa entrevista. Este coloquio se efectuó en Enero de 2009 en el Palacio Carrasco de Viña del Mar con una cantidad de asistentes que sobrepasó la capacidad de espacio del salón de conferencias. El público que asistió y pudo escuchar el coloquio (muchas personas interesadas tuvieron que conformarse con escucharlo desde la puerta de la sala) siguió con enorme interés la exposición de Sergio y al final se produjo un debate de ideas de tal profundidad y entusiasmos que motivó a Sergio a organizar conmigo un segundo coloquio, el que habría de hacerse en abril de 2010.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero en marzo de ese año me visitó Sergio y a pesar que mostró el mismo entusiasmo de siempre, se veía muy delgado y demacrado. Le pregunté qué le pasaba y sólo me dijo que había estado enfermo del estómago pero que ya se estaba mejorando. Esa fue la última vez que le ví y pude conversar con él. La última conversación fue telefónica y la tuve casi un mes antes que falleciera. Sin decirme directamente que su enfermedad era irreversible, percibí que implícitamente se estaba despidiendo  de mí.</p>
<p style="text-align: justify;">Además de organizar este segundo coloquio que no se hizo, teníamos varios proyectos de trabajo conjunto, entre ellos de escribir un libro sobre la relación entre literatura y física. Hasta ahora el único acercamiento que he logrado tener a ese proyecto que quedó inconcluso, ha sido un coloquio sobre ciencia y literatura en la obra de Sergio Meier que se efectuó en mayo de este año en el salón de exposiciones del Enjoy de Viña del Mar, con la participación de Sergio Alejandro Amira y Omar Vega quienes trabajaron en forma muy estrecha con Sergio.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi propósito es seguir trabajando en ese proyecto de libro y colaborando a que se sigan efectuando coloquios en que se produzca un diálogo entre distintas disciplinas como lo son la literatura y las ciencias. Creo que hay mucho que se puede hacer al respecto y muchas personas interesadas en estos temas.</p>
<p style="padding-top: 14px;">
<p style="text-align: right;"><strong>© 2010, Patricio Robles.</strong></p>
]]></content:encoded>
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		<title>La primera novela steampunk chilena</title>
		<link>http://www.sergiomeier.cl/la-primera-novela-steampunk-chilena/</link>
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		<pubDate>Mon, 02 Aug 2010 13:05:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayo]]></category>

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		<description><![CDATA[Texto de Sergio Meier publicado originalmente en su blog. Octubre 2007. ¿Qué pasaría si el más grande de los científicos de la historia, Isaac Newton, viviera en un Universo paralelo dominado por la realidad virtual, astronaves mutantes y ordenadores cuánticos? ¿Qué obra revolucionaria sería capaz de concebir su mente? Esta es la premisa que da [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft" src="http://www.sergiomeier.cl/wp-content/uploads/2010/07/tlon-small.jpg" alt="" width="226" height="338" /></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Texto de Sergio Meier publicado originalmente en su blog. Octubre 2007.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué pasaría si el más grande de los científicos de la historia, Isaac Newton, viviera en un Universo paralelo dominado por la realidad virtual, astronaves mutantes y ordenadores cuánticos? ¿Qué obra revolucionaria sería capaz de concebir su mente?</p>
<p style="text-align: justify;">Esta es la premisa que da pie a la trama de &#8220;La Segunda Enciclopedia de Tlön&#8221;, la primera novela steampunk publicada en Chile. Construida como una Babel de Universos Paralelos, el sueño o la pesadilla borgiana es desatada en un imperio barroco de alta técnica, en que se combinan anárquicamente diversas épocas, ciencias y filosofías. El romanticismo del siglo XIX, el pensamiento iluminista del siglo XVIII, la magia medieval y renacentista, las teorías de cuerdas y de membranas, el paradigma holográfico, el metapensamiento, y una relectura científica, en clave de física cuántica, de la alucinante mitología de William Blake.</p>
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<p style="text-align: justify;"><strong>La trama:</strong></p>
<p>Una gigantesca astronave art-decó mutante se materealiza fuera de las rutas conocidas en la galaxia. Su capitán, como una especie de nuevo Achab, navega junto a su tripulación desde hace muchos años estelares, buscando en lo profundo del espacio una vasija que contiene al misterioso dios de una cultura extraterrestre&#8230;</p>
<p><span id="more-209"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Mientras tanto, en otra realidad alterna a principios del siglo XXI, en la Tierra, Quillota (una oscura provincia perdida al fin del mundo), un grupo de misteriosos personajes, conocidos como &#8220;Los alquimistas de la Matriz&#8221;, buscan escapar del laberinto sin fin de mundos soñados en que constantemente despiertan.</p>
<p style="text-align: justify;">Otro Borges, mencionado aquí como &#8220;el Maestro&#8221;, guía con su obra (desperdigada a propósito entre las páginas de diversos libros antiguos) a los &#8220;Alquimistas de la Matriz&#8221; (que combinan tecnología de punta con viejos códices de filosofía idealista).</p>
<p style="text-align: justify;">En la realidad primaria de la novela, Isaac Newton, cuando niño uno de los escasos sobrevivientes a la explosión de un crucero interplanetario (una especie de catástrofe del &#8220;Hindenburg&#8221;, en el que parecen estar involucradas Inteligencias Artificiales), no sólo ha logrado descubrir el mecanismo para que las naves viajen de forma segura a través del hiperespacio, sino que ahora ha enviado la primera sonda de exploración a un verdadero agujero negro en el centro de la galaxia, y su hipótesis de lo que encontrará allí causa revuelo en la Real Sociedad Científica (a la que pertenecen, entre otros, su mejor amigo, el cardenal Halley y su archienemigo intelectual, el místico Gottfried W. Leibnitz).</p>
<p style="text-align: justify;">Huérfano tras la destrucción del &#8220;Ciudad de Argel&#8221;, Newton ha sido educado por la Sociedad Científica del Imperio, siendo vigilado cuidadosamente por las I.A., que pretenden valerse de su genio para sus propios y oscuros fines. Leibnitz (que tiempo atrás llegara por otras vías a resultados similares a los de Newton y sus Matrices de Realidad Virtual) ha desarrollado, valiéndose de la antiquísima cábala hebrea, una teoría revolucionaria sobre la existencia de la conciencia y el verdadero funcionamiento del Universo, a la que llama &#8220;Mónada Holográfica&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;">Una mujer, miembro de los Alquimistas de la Matriz, desaparece misteriosamente, pero deja un rastro hacia el universo original y definitivo anunciado por el Maestro. Es seguida por un grupo de escogidos (los Hablantes y los Trazantes ), desembocando en un Londres decimonónico en el que enfrentarán -bajo la forma múltiple de Jack el Destripador, un niño prisionero de la segunda guerra mundial, un monstruo de fuego y el doctor Smith de &#8220;Perdidos en el espacio&#8221;- a un personaje virtual del mundo superior, y que les conducirá hasta un estado sobrehumano de conciencia.</p>
<p style="text-align: justify;">La búsqueda de los tripulantes de la astronave mutante llegará a su fin, cuando enfrenten cara a cara al dios extraterrestre&#8230; En la realidad primaria, Newton y Leibnitz alcanzan a confirmar las más demenciales teorías sobre la estructura del cosmos y por último se transmutan en verdaderos demiurgos, a partir de una extraña mixtura de tecnología, física y los secretos de la cábala. Finalmente se producirá una lucha de ángeles y demonios, liderados por los dos genios. La épica batalla final (a la que arribarán también los Alquimistas de la matriz), a nivel de múltiples membranas de universos, remite a la barroca imaginería de Blake, añadiéndose revolucionarios conceptos cosmológicos sobre el principio y el fin de la Creación.</p>
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<p style="text-align: justify;"><strong>El paradigma holográfico en &#8220;La Segunda Enciclopedia de Tlön&#8221;</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Thomas S. Kuhn, el célebre historiador y sociólogo de las ciencias, hablaba del cambio de paradigma en la perspectiva científica; pues bien, en &#8220;La Segunda Enciclopedia de Tlön&#8221; está ejemplificado literariamente dicho cambio. Parafraseando la &#8220;Mónada Jeroglífica&#8221; de John Dee, el concepto de la &#8220;Mónada Holográfica&#8221; que hemos acuñado es una síntesis para el sentido final del universo, de nuestra conciencia.</p>
<p style="text-align: justify;">En los últimos años se ha ido perfilando la idea de que la materia puede estar formada por ondas electromagnéticas (teoría de cuerdas), que nuestros cerebros interpretarían como una realidad &#8220;sólida&#8221; del entorno, cuando de hecho se trataría de una serie de impulsos que generan ante nuestros sentidos una realidad virtual, de manera casi idéntica a como lo hacen los ordenadores.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde que el neurocirujano Karl Pribram II observara que la memoria estaría almacenada de forma holográfica en el cerebro humano, y de acuerdo a que la naturaleza reproduce a distintos niveles su estructura, los científicos empezaron a suponer que el universo entero podría tratarse también de un holograma.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue al encontrarse Pribram con la obra del gran físico y discípulo de Einstein, David Bohm, cuando el paradigma holográfico comenzó a tomar fuerza. Lo que le fascinó al neurocirujano fue el aspecto del &#8220;holomovimiento&#8221; descrito por Bohm: &#8220;Desde Galilei hemos observado el mundo a través de lupas: con telescopios y microscopios. Nuestra propia tendencia a objetivar modifica aquello que esperamos ver. Queremos ver los contornos de un objeto, que por un momento la aparente realidad se detenga, aunque su verdadera naturaleza pertenece a otro orden de realidad, a otra dimensión en la que las &#8220;cosas&#8221; no existen. Es como si enfocáramos nítidamente lo &#8220;observado&#8221; como si fuera una diapositiva, aunque, en realidad, la representación más exacta sea borrosa.&#8221;</p>
<p style="text-align: justify;">Las consecuencias del encuentro de estas dos teorías, una de la estructura del universo, y otra del funcionamiento del cerebro, son absolutamente revolucionarias, pues aúnan la física, la filosofía y la religión como nunca antes en la historia, permitiéndonos tener acceso a un &#8220;metapensamiento&#8221;, es decir, a la capacidad de &#8220;sintonizar&#8221; nuestra mente (holográfica) con la información total del Universo (también holográfico), convirtiéndonos literalmente en una especie de conciencia conectada a la información contenida no sólo en nuestro universo, sino además a la de todos los demás universos paralelos&#8230;</p>
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<p style="text-align: justify;"><strong>La revolución del steampunk</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Muchos aún se confunden con la estética del steampunk, considerándola simplemente como una reposición o relectura de las tempranas incursiones de la ciencia-ficción a finales del siglo XIX.</p>
<p style="text-align: justify;">La diferencia entre la obra de Wells y Verne con el steampunk, estriba en que los primeros estaban creando una obra absolutamente moderna para su época, y donde su estética, con esotéricas maquinarias de hierro, cobre y latón, a hélice y a vapor, era igualmente futurista. El steampunk, en cambio, pervierte conscientemente aquella edad, creando una provocadora nueva estética, al combinar la tecnología más avanzada de nuestra era con aquellos escenarios de un pasado idealizado; un metarromanticismo, si se quiere, que subvierte todos los géneros artísticos, en combinaciones insospechadas hasta ahora.</p>
<p style="text-align: justify;">La actual corriente del Steampunk (junto a todos sus derivados) nos ofrece nuevos códigos de referencia para saber cuál será la tendencia de la literatura del siglo XXI.</p>
<p style="text-align: justify;">Para empezar, podemos postular que toda la literatura se convirtió en ciencia-ficción desde hace cerca de doscientos años, cuando se introduce el actual paradigma de la ciencia en la novela &#8220;Frankenstein&#8221;, de Mary Shelly (primera obra que populariza el término &#8220;científico&#8221;, en contraposición al hasta entonces en boga &#8220;filósofo natural&#8221;).</p>
<p style="text-align: justify;">Este nuevo paradigma &#8220;científico&#8221;, que vino a separar lo material de lo espiritual, lo visible de lo invisible, condicionó la narrativa, permitiendo la aparición del naturalismo y del realismo. Desde este punto de vista, la literatura de ficción, la forma de contar los mitos, quedó determinada por tal forma de ver el mundo, convirtiéndose en su totalidad en ficción &#8220;científica&#8221;(o ciencia-ficción, en definitiva). Hoy en día, a principios del tercer milenio podemos detectar las señales de un nuevo cambio de paradigma, de weltenchauung, a partir de las últimas teorías de cuerdas y de membranas, el cambio de la percepción del tiempo debido a Internet, y los borrosos límites entre lo que es verdadero y falso por el auge de la realidad virtual.</p>
<p style="text-align: justify;">Una alteración en la conciencia del cosmos que nos rodea se está produciendo, un nuevo paradigma en la historia de la evolución humana parece estar manifestándose: el paradigma holográfico.</p>
<p style="text-align: justify;">Este nuevo modelo en la visión del universo parece concretar finalmente una explicación a las grandes preguntas de la humanidad: ¿Quiénes somos? ¿De donde venimos? ¿Hacia donde vamos? ¿Qué estamos haciendo aquí?&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">El Steampunk, en su irrealidad, su forma anárquica de contar los mitos, es el marco de expresión perfecto para hacernos tomar conciencia del nuevo paradigma, de que el universo es una proyección, y que el metapensamiento lo puede manipular, comenzar a cambiar, fundiéndonos a la inteligencia superior subyacente en él.</p>
<p style="text-align: justify;">Bajo estas premisas, si existe un Dios, nosotros seríamos sus ángeles, destinados a ayudarle a completar la creación.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Newton, Leibnitz y el &#8220;paradigma holográfico&#8221;</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Los personajes de Newton y Leibnitz no fueron escogidos al azar para ser los protagonistas de la novela.</p>
<p>El concepto del paradigma holográfico ofrece cierta similitud notable con la tradicional tesis de la Monadología del Leibnitz histórico. Específicamente, la concepción del filósofo plantea que todo lo existente está formado por agregados de mónadas (unidades), todas distinguibles y que pueden ser categorizadas desde las que no tienen conciencia hasta las que sí la poseen en diversos grados, reflejando cada una de ellas, desde un determinado punto de vista, la totalidad del universo.</p>
<p style="text-align: justify;">Si rompemos una imagen holográfica en varios fragmentos, nos encontraremos con que cada uno de esos fragmentos reproduce la imagen original completa. De acuerdo al nuevo paradigma, cualquier aspecto del universo sería en sí mismo un Ser completo, un sistema independiente que contiene una memoria completa sobre sí mismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, el paradigma holográfico difiere en un punto importante con la monadología del Leibnitz real, ya que él considera que &#8220;las mónadas no tienen ventanas&#8221;. No hay comunicación intersubstancial, porque las Mónadas son materiales y sus movimientos son internos, psíquicos.</p>
<p style="text-align: justify;">En cambio en el paradigma holográfico, &#8220;puesto que cualquier aspecto del universo se expresa mediante vibraciones y todas las formas de expresión en forma de onda se mezclan dentro del holograma principal, todo aspecto del universo tiene conocimiento del todo. Puesto que, además, cualquier expresión vibratoria de cada una de las unidades holográficas también es una manifestación de pura información, es de presuponer que cada uno de los aspectos tenga conocimiento íntimo de todos los demás aspectos individuales del holograma principal&#8221; (Fergusson).</p>
<p style="text-align: justify;">En oposición a Leibnitz, y para alcanzar a descubrir y manipular los últimos secretos del Universo, alcanzando un próximo paso en la evolución mental y biológica, era necesario un genio de la talla de Isaac Newton. Sólo el padre de las leyes físicas básicas que permitieron el real desarrollo de la tecnología para la conquista del aire, el mar, la tierra y el espacio, sería capaz de semejante empresa.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>© 2007, Sergio Meier.</strong></p>
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